Que se puede esperar de un país con herencia religiosa o de un
planeta donde el 84 % (más o menos) de la población se creen
observados por algún dios que está pendiente de sus miserias,
mientras en la cúspide de la pirámide, aquellos que mueven los
hilos y controlan los miedos, desde hace milenios, contravienen las
leyes divinas que propugnan con la impunidad del control sobre la
ignorancia. El otro diecitantos por ciento no puede hacer otra cosa
que sentir una profunda lástima por la humanidad, incluyendo sus
genes en el lote de las minorías, que como cualquier otra cosa
siempre están “ahí”.
Conversación de la parada de guaguas (autobuses para los demás): “este es peor que Alí Babá, que solo tenía cuarenta ladrones, porque el Pp tienes más de cuarenta mil”; todo esto refiriéndose al funcionario Rajoy, pero como que del cuento sólo sabía el título, ya que Alí Babá robó y mató a los ladrones, no los ayudaba ni los exculpaba.
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